Padre e hijo ascienden a Segunda B con el Logroñés

Los Muñoz son un caso único en la historia del CD Logroñés: padre e hijo ascendieron a Segunda División B con el equipo riojano. Luis Mari Muñoz, el progenitor, en 1978 y Sergio Muñoz, su vástago, en 2001. Lo hicieron con 23 años de diferencia, pero ambos con la misma alegría. “Fue sensacional”, me cuenta el padre desde Miranda de Ebro. “Una de las mejores sensaciones que he tenido jugando al fútbol”, me dice el hijo.

“El Logroñés me trae muy buenos recuerdos”, asegura Luis Mari, que por aquel entonces iba a cumplir 25 años y que hoy tiene 68. “Hicimos una buena temporada, con el apoyo de una gran afición”. “Yo era un mico”, apunta Sergio, que aún no había hecho año y medio, “pero, durante el tiempo que mi padre estuvo en Logroño (hasta 1981), iba al campo y me marcó el ambiente de Las Gaunas: se respiraba el fútbol”.

Sergio lo consiguió a los 26 años, con el Logroñés ahogado por las deudas, y ahora tiene 44. “Vine en enero de 2001 y me costó arrancar, pero, al final, me salieron bastante bien las cosas y pude revivir lo que mi padre vivió en 1978. De ese ascenso no habíamos hablado casi en casa, porque tampoco hacía falta decir nada. Era un sentimiento que se me inculcó hacia el club y, para mí, el Logroñés siempre ha sido especial”.

“Es que yo solo puedo hablar bien del Logroñés”, señala Luis Mari. “Estuve muy a gusto y es mi segundo equipo, junto al Cádiz, por detrás, lógicamente, del Mirandés. Cuando le ficharon a mi hijo, me dio una gran alegría y él ni se lo pensó”. “Ahí viví los cinco primeros años de mi vida”, cierra Sergio. “Me hizo una ilusión muy grande que me llamaran y, luego, el ascenso fue muy bonito. A Logroño le tengo mucho aprecio”.

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